Acerca de Mí
Claro, ya comprendo, no entiendes porque hasta ahora no te había contado donde estoy y que hago.
Porque lo hago, ni yo lo sé todavía.
Sonrío pensando en tus conjeturas. Viaja por al mundo ó por su barrio. Camina o se traslada en motocicleta. Está trabajando ó es un vago que abre su ventana y husmea la vida desnuda.
Permíteme una carcajada cómplice de tu sonrisa.
En primer lugar pienses lo que pienses estás en lo cierto ó algo parecido habría dicho Henry Ford hace unos cuantos años atrás utilizando la palabra creo.
Creo entonces que sería muy cruel de mi parte y hasta insolente contradecir a su mente. Querido cómplice de mis observaciones, si coincides conmigo en alguna de mis apreciaciones debes saber que solo hago lo que hacen todos cada día.
Ir de aquí para allá.
Tan solo llevo conmigo un humilde diario en donde arrojo por una cuestión de necesidad intima, las cosas de mi cotidianeidad.
Vivencias diarias para mantener fresca y viva la vida misma.
Pero para no desilusionar a tu ego maltratado por los programas de TV en donde te acostumbran a saber más sobre la intimidad ajena te puedo decir una sola cosa más.
Pero dentro de un rato. Mas adelante.
Porque te quería contar de una vez que tuve que hacer un trámite bancario para mi hermana, esa vez estuvo cargado de sensaciones y responsabilidad. Fue así:
Transcripción del e-mail original:
Bueno Hermanita, paso a contarte las vivencias del trámite que me encargaste, le pedí a mi fiel amigo Eduardo que me acompañe ya que de esa manera me sentía mas seguro porque transportar dinero, aunque fuera poco, cuando es ajeno es mas valioso.
Bueno Hermanita, paso a contarte las vivencias del trámite que me encargaste, le pedí a mi fiel amigo Eduardo que me acompañe ya que de esa manera me sentía mas seguro porque transportar dinero, aunque fuera poco, cuando es ajeno es mas valioso.
Empezamos bien, mucha atención y tensión hasta que entramos al banco, mientras comenzaba a relajarme los burócratas empleados lograron transformar mi estado de ánimo con una espera de 30 gomosos minutos por un papeleo que podría calificar de ingenuo e infantil. Desde ese escritorio caminamos unos breves pasos hasta una escalera descendiente de mármol con barandas doradas y pulidas. Desde los últimos escalones pude ver que la fila de personas hacia la caja que nos esperaba tenía la longitud de la vieja muralla china.
Los bolsillos estaban cargados, ocupados por el mandado y el amigo hizo un repaso visual de la situación, dándome una tranquilizante reflexión: “aquí estamos seguros…”
Algún día podré contarte detalles del recorrido especial que me hizo hacer para llegar hasta el banco, ¡el hombre es un profesional!
Pero ahora debo contarte que delante nuestro solo queda una persona. Ya casi llegamos.
Por alguna razón mi pulso comienza a acelerarse, lentamente parece transformarse la amable música ambiente en suspenso y tambores que intimidan. La caja se desocupa, es nuestro turno, mis piernas dudan, la luz de la mesa del cajero se hace cada vez más fuerte. Llego y el me mira sin saludo, su vista se posa sobre mis manos que le acercan los billetes prolijamente amarrados por una banda elástica. Los toma. Deshace la atadura y sus dedos comienzan a viajar por sobre los lomos de los billetes con la velocidad de un experto mientras me ordena: “documento” obedezco y se lo doy, intento tener aspecto tranquilo pero las gotas de sudor sobre mi frente me delatan.
Ahora solo puedo escuchar el sonido del papel al ser frotado por los dedos entrenados hasta que una duda se hizo presente sobre un pilón. El aire dejo de circular. Solo se sentía un pequeño silbido en mis oídos y mis ojos no podían apartarse de los del cajero. Con gravedad y seriedad aparto ese pilón y continuó con otro hasta retomar el apartado.
Comenzó nuevamente a contar, esta vez con sigilo y frotando con sus dedos cada pedazo de papel, los ojos, los de él, cada tanto miraban los míos y mi mente gritaba "¡dale hijo de puta!".
Al finalizar y casi con desprecio arrojó todas las pilas en un cajón y fue cuando sonó el golpe seco y certero del sello sobre el papel que hizo aparecer abruptamente el sonido y el bullicio del salón y hasta la música funcional, si mal no recuerdo tocaba Ray Conniff.
¡UF! me devolvió el DNI con un seco buen día, gracias y me fui victorioso acompañado por el amigo en busca de una hamburguesa doble con panceta y sprite con hielo... ¡eso hace que el alma vuelva mas contenta al cuerpo!
Después te cuento mas, misión cumplida.
Resumiendo, soy unos ojos que miran la vida desnuda, un hombre simple que pasa inadvertido entre las personas.
Pero con la suficiente audacia como para poder observar sin intervenir (a veces) y con coraje como para no ser cómplice (a veces, otra vez).
Así que, me alegro íntimamente al saber que puedo estar haciendo cada cosa que vos te permitas imaginar hoy.
Claro, ya comprendo, no entiendes porque hasta ahora no te había contado donde estoy y que hago…
Te envío un sincero abrazo, nos volvemos a encontrar muy pronto.
2010 Obdulio Raul Cosco

No hay comentarios:
Publicar un comentario